Selectividad: ¿Triunfo o fracaso?

Alejandra está preparando la prueba de selectividad. Sueña con sacar la nota que necesita para estudiar medicina. Está trabajando día y noche pero según se acercan los exámenes se siente cada vez más nerviosa. Hasta el punto de que tiene que tomar tranquilizantes porque el agobio se la come por momentos.

Su amigo Carlos –que la ve cada vez más perjudicada- le dice un día:

Si sigues así te vas a poner enferma. ¿Qué te está pasando?
– Estoy muy preocupada. No sé si lo voy a conseguir. Se presenta demasiada gente, ¿cómo voy a hacer unos exámenes mejor que todos ellos?
– Céntrate en hacerlo bien, no te compares. Además, ¿qué pasa si no sacas suficiente nota?
– ¡Qué tonterías dices! ¡Pues que mi esfuerzo no habrá servido para nada!
– Me parece que estás más preocupada por las notas que por hacer una buena prueba. Estás más pendiente de eso y de que todos vean que has podido matricularte en medicina que de tu propio trabajo. Eso es lo que te está produciendo agobio…
– Estoy pensando en dejarlo…
– Ni hablar. La prueba no es el problema. El problema es que, por encima de todo, estás obsesionada en las notas y en tu imagen de empollona, y mientras ese sea tu objetivo la preocupación no se irá.

Podría pensarse a primera vista que las preocupaciones de Alejandra son lógicas y debidas a que lo tiene difícil de conseguir. Pero desde el punto de vista emocional su agobio se lo produce su competitividad, su pretensión de quedar por encima de otros, de sentir que esta a la altura de las expectativas de su familia, su necesidad de destacar y su comparación constante. Nada de esto es triunfar. El triunfo está en otro lugar, tiene que ver con el trabajo bien hecho, con respetar el propio crecimiento, con darse la oportunidad de equivocarse y con hacer las cosas de corazón.

Lo que no es triunfar:

  • No es arrollar por encima de los demás.
  • No es impresionar a nadie.
  • No es conseguir el éxito a costa de otros –o de que otros no lo consigan.
  • No es vencer a nadie.
  • No es algo que se de al final solamente: el triunfo es de cada día, de cada detalle, de cada actitud y cada logro personal. Si temes fracasar en una prueba es porque te interesa más el triunfo que tu propio trabajo.

Lo que es triunfar:

Podemos distinguir entre el triunfo como obsesión por conseguir un objetivo a toda costa, y el triunfo personal, del trabajo que sabes hacer y el resultado de tus cualidades y tu esfuerzo.

Alejandra cree que si no pasa la prueba su esfuerzo no habrá servido para nada. Lo que está haciendo con esa manera de ver las cosas es condicionar su trabajo -sólo y exclusivamente- a la victoria. Por lo tanto, no le interesa el triunfo personal sino el de que la reconozcan sus padres y sus compañeros. Además está pensando en dejarlo. Probablemente su orgullo la lleve a preferir quitarse de en medio antes de comprometerse con hacer el trabajo que ella sabe hacer. Lo cual le hace todavía más insegura y recelosa.

Observa, por lo tanto, si -más que triunfar- te interesa ser reconocid@. El triunfo es, ante todo, personal, interno. Es el resultado de expresar ante ti y ante otros lo que sabes y quieres hacer. Sin grandes alardes.

El reconocimiento de los demás y obtener una plaza en la universidad es la consecuencia de este proceso y no un fin en si mismo. Si Alejandra no logra la nota que necesita, puede plantearse hacer otras muchas cosas el próximo curso: estudiar idiomas, prepararse mejorar para la próxima convocatoria, trabajar… Todo ello serán experiencias que la enriquezcan como persona y la hagan crecer, más allá de que algún día consiga estudiar o no medicina.

Si logra sentirse satisfecha consigo misma sea cual sea su resultado en la prueba de selectividad y continúa con sus propósitos, aunque tenga que cambiar sus planes, entonces no vivirá este momento en términos de éxito o fracaso, sino como una etapa más, en la que sin duda habrá conseguido triunfar.

Esta entrada fue publicada en entorno_educativo y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.