MIEDO: aunque lo sientas, hazlo igual

Sandra sufre cada vez que sus hijos llegan tarde a casa, dice que no podría soportar que les pasara algo. Cuando Juan habla ante un auditorio numeroso siente unos deseos profundos de desaparecer y tartamudea sin remedio aparente. Lourdes es actriz desde hace diez años, pero ante cada función que realiza, la ansiedad se sigue apoderando de ella como el primer día y se bloquea en su expresión. Cuando Mateo se propone confesar a su mujer que le es infiel desde hace tiempo siente que no puede y rehuye hacerlo. Ante el traslado que le asignan en su trabajo Rosa siente que el mundo se le viene encima y desiste en el intento.

El miedo es una emoción que suele considerarse como desagradable y, sin embargo, escoger una vida con pocas o ninguna posibilidad de experimentarlo equivale a elegir una vida que niega las posibilidades de desarrollo. Sólo hemos de considerar cuál es el mensaje oculto tras su forma de estremecimiento, tensión, angustia o agobio.

En el fondo, podríamos estar agradecidos por sentir miedo. Es una bendición que nos visite, es la puerta de entrada a lo que realmente podemos (y debemos) hacer. Porque, si no lo realizamos, perdemos la gran oportunidad de realizarnos como seres humanos. El miedo nos constituye. Es el aviso de lo que puedo realizar y de lo que me conecta conmigo mismo, con mi propósito de vida y mi propia voluntad. Sólo que he de saber desapegarme de lo desagradable –en apariencia- de la emoción.

Quien renuncia al miedo evita el compromiso. Miedo es el síntoma de la implicación (quien lo evita, deja de implicarse, la nota más evidente de negarse a cambiar). El medio no está hecho para evitarlo, sino para traspasarlo.

La madre que tiene miedo de que le pase algo a sus hijos puede estar negándose al propio crecimiento de los mismos. Pero dentro de ella la emoción es tan fuerte que quisiera ahorrarles las dificultades y siente miedo como medio de paliar su falta de aceptación. El marido que teme confesar a su mujer la infidelidad evita eludir la responsabilidad de su falta de entrega, por eso siente miedo. El miedo le está informando de que podría tomar las riendas de su compromiso. La persona que desiste en acometer el traslado profesional elude la responsabilidad de crecer. El miedo vino a avisarle de que puede extenderse y desarrollarse, pero su estrecha imagen de si misma le impide tomar la acción por temor al fracaso: nueva falta de responsabilidad.

La causa del miedo: desconfianza y falta de voluntad

Podemos justificar el miedo en el tipo de educación recibida y los traumas infantiles no superados, pero ello sólo explica una parte del problema. Pues lo que el miedo pone al rojo vivo es una competencia personal que no acabo de asumir, una falta de destreza que ha pasado históricamente desapercibida para mi. De ello da cuenta que la mayor parte de las personas, ante las situaciones de susto o pánico, tengan la tendencia a emprender la retirada creyendo que se salvan del peligro. Nada más lejos de la realidad: retirarse es postergar el problema (una vez que he garantizado la propia supervivencia, claro está). Si no lo enfrentamos el miedo estará ahí, esperándonos, a la vuelta de la esquina, para comunicarnos aquello de lo que pretendemos desembarazarnos.

Quien siente miedo puede encontrar un modo de entregarse a través de lo que quisiera evitar: quien teme al público puede entregar su sabiduría; el actor bloqueado, su expresión más profunda de si mismo; la madre temerosa, su tolerancia al crecimiento de sus hijos; el marido infiel, la conexión con su esposa; quien teme al fracaso, su aceptación de los errores de los demás; quien teme decidir, su tolerancia por las decisiones de otros.

Los 9 pasos para afrontar el miedo

1. Reconocer el miedo, aceptar que está ahí.
2. Compartir el miedo con otros, hablar de él.
3. Descodificarlo: ¿de qué otros sentimientos se compone ese miedo?
4. Buscar toda la información que se pueda necesitar: prepararlos y entrenarnos
5. Reafirmarse: rememorar éxitos pasados, enumerar cualidades personales. Reconocerse los logros ya conseguidos.
6. Contactar físicamente con alguien.
7. Anticipar positivamente: ver la escena tal como se desea
8. Actuar conservando la conciencia del ideal, de la anticipación positiva.
9. Una vez finalizada la travesía, recordar a la persona que se era anteriormente. Verse antes del salto, dominado por el miedo.

Esta novena etapa es fundamental para tener cada vez menos miedo y adquirir confianza en uno mismo (es el reconocimiento).

Esta entrada fue publicada en particulares y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.