Mediación familiar ante la custodia, compartida o no, de los hijos


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La mayoría de los padres y madres han convivido con la situación legal hasta la fecha en la que la custodia se otorgaba a la madre, salvo raras excepciones. Otra cosa es que se aceptara o no este hecho legal. La aceptación no es cuestión de leyes, sino que pertenece al ámbito subjetivo y emocional de las personas.

Es claro que las leyes regulan normas pero no emociones, sin embargo, éstas últimas, las emociones, son las que mandan en la toma de decisiones. A este respecto existen argumentos que se han polarizado a través del género:

  • Hay madres que sienten que son ellas las que, de toda la vida, se han ocupado de los hijos o que los padres fueron padres ausentes.
  • Hay padres que sienten, más allá de la dedicación histórica a los hijos por parte de la madre, que ellos quieren y pueden asumir la custodia en igualdad de condiciones.

Han proliferado las voces de padres que, asociados o por su cuenta, pretenden la custodia para ellos o, en su defecto, la custodia compartida. Pero lo curioso es que la custodia compartida se suele basar en el equilibrio de responsabilidades y afectos, chocando frontalmente con el modelo social que ha dado el peso de la custodia a la madre.

Parece que la custodia compartida rompe con un cúmulo importante de creencias históricas y culturales sobre la educación y responsabilidad sobre los hijos como si, hablar de hijos, tuviese que ver con la propiedad privada sobre ellos.

La ley no contempla que los hijos no son propiedad privada ni de padres ni de madres y no tiene en cuenta el aspecto emocional que hay detrás de este debate sobre la pertinencia o no de la custodia compartida. Tras los aparentes argumentos legales de responsabilidad, años de dedicación o vinculación con los hijos, los verdaderos temas que enfrentan a ambos cónyuges son el dinero, la lucha de poder o el miedo a la soledad. Tras estos elementos se cocina indefectiblemente la necesidad de seguridad personal de ambos, pero la ley no aborda la seguridad personal sino que legisla la parte externa y aparente de la separación con hijos.

En un mundo ideal, lo mejor sería que, al producirse la separación, cada uno por separado, padre o madre, continuase con el grado de responsabilidad que de forma natural asumió al tener a sus hijos. Pero lo cierto es que para muchos, separarse es como saltar a la arena de un circo romano, donde no te queda más remedio que luchar a muerte porque sólo uno puede salir vivo. Cuando esto sucede, no queda tiempo para preocuparse del bienestar de los hijos porque ese despiste puede costarte la vida. En este caso, la necesidad de seguridad personal de un cónyuge aplasta  la del otro y ambos, a partir de ese momento, suelen buscar el mayor beneficio y hacerse daño mutuamente de manera consciente o no. Se impone en este momento la ley de la supervivencia emocional y la lucha por la seguridad personal de uno que suele vivirse amenazada por el otro.

Cuando una pareja se separa es muy probable que ya no funcione el entendimiento entre ellos. Pero paradójicamente, es cuando más necesitan ponerse de acuerdo si hay hijos de por medio, por eso la mediación familiar resulta muy aconsejable, antes de que ninguna de las dos partes se envenene la sangre y todo pase a manos de los abogados que normalmente nos halagan los oídos, echando leña al fuego.

Una mediación familiar es el espacio ideal para acordar la custodia de los hijos y para garantizar una ruptura con el menor desgaste emocional para todos, asegurando la seguridad personal de ambos cónyuges. Su obligatoriedad, si bien puede sonar a imposición, sin embargo, abre una vía de diálogo imposible en un contexto familiar de ruptura y/o puramente legal. Es el entorno ideal donde atender las necesidades de los hijos: emocionales y propias de la edad, y las necesidades del padre y la madre. También las preferencias de unos y otros, todo con el fin de buscar un compromiso por parte de los padres.

Tenemos que preguntarnos si el hecho de otorgar, a partir de ahora, la custodia compartida por defecto, servirá para apoyar este escenario de entendimiento o  no. ¿Alguien ha preguntado a los hijos de padres separados que hoy en día son personas adultas cómo les ha ido?, ¿qué cambiarían de su infancia y adolescencia después de la separación si pudieran dar marcha atrás en el tiempo?

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