Busca tu verdadera motivación

Después de 15 años de profesión, para David ha perdido totalmente el sentido levantarse e ir a trabajar. Lo hace como un autómata, y sólo le importa cobrar su sueldo todos los meses. Intenta convencerse de que el dinero es motivo suficiente para seguir en su trabajo, pero cada día se siente más fuera de lugar en él. Cuenta los minutos que pasa en la empresa  y se burla de los compañeros que salen tarde. El día se le hace interminable y para mitigar su aburrimiento empieza a fijarse en lo que hacen los demás, criticándoles por todo.

Su reto es hacer lo mínimo posible, como si al hacer más se estuviera traicionando. Las reuniones se le hacen insoportables, no las prepara y busca continuamente excusas para culpar al resto de los malos resultados. Cree que es un incompetente,  aunque lo que él percibe como incompetencia no es más que su incoherencia por forzarse a estar donde no quiere estar.

El orgullo le impide reconocer lo que le está sucediendo y David se fuerza a mantenerse en su puesto de trabajo, echando la culpa a la empresa de su propio malestar.

Pronto llegan las primeras señales de alarma: comienza a sentir miedo de hablar en público, incluso en las reuniones de su propio equipo. Su miedo es cada vez mayor, teme no aguantar más, y teme que se le note su frustración, que no es más que la muestra de que su energía no encuentra salida, de que su motivación de los primeros años se ha esfumado.

Su motivación original se ha desplazado, y no puede hacer nada para recuperarla tal cual era, porque los motivos de antes (desarrollar su carrera profesional y ascender) ya no son los mismos que los de ahora (mantener su sueldo y su status a toda costa).

Piensa en un traslado, en buscarse un puesto más cómodo, pero de momento no se plantea cambiar de profesión, ni siquiera de empresa, cree que eso no se lo puede permitir. Siente que sería un lujo imperdonable, con el esfuerzo que le ha costado alcanzar un status en el sector y lograr estar en una prestigiosa organización de ámbito internacional.

Tendrá que estar un tiempo más muerto en vida y lidiar con su frustración, soportando su miedo a caer en una depresión. Hasta el día en que llega a sentirse tan desplazado e incoherente, y se alarma tanto por sus continuos síntomas, que decide pedir ayuda psicológica.

Cuando toma conciencia de lo que le sucede, le viene la culpa por recibir un sueldo que siente que no se merece. Duda y niega su incoherencia, hasta que decide aprovechar una racha de despidos para abandonar su trabajo, provocando que le despidan.

El vacío que se apodera de él cuando se ve en casa, siendo simplemente el exgerente de una multinacional. Se paraliza, no sabe quién es, ha perdido por completo su identidad, y de nuevo vienen el miedo y la vergüenza.

Hasta que decide permitirse la pregunta: ¿qué me gustaría hacer, que al mismo tiempo me sirva para ganarme la vida? Buscando la respuesta comienza una nueva etapa personal y profesional.

David cambia por completo su manera de entender la vida y esto es sólo el comienzo. Adquiere un único compromiso consigo mismo: el de no dejar de escucharse y asumir la responsabilidad de su bienestar.

Deja de envidiar las ganas de sus antiguos compañeros, su motivación y su interés a medida que se va permitiendo hacer lo que le gusta. Monta su propio negocio de compraventa de coches. Supera su resentimiento y su impotencia según va desarrollando su nuevo propósito de vida y se da cuenta de lo importante que fue para él hacer caso al montón de emociones contradictorias y desagradables que le advirtieron en su momento de que su motivación había cambiado.

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