Adolescentes: Parejas y amigos

La naturaleza nos empuja para crecer, por eso en cuanto los adolescentes toman conciencia de sí mismos empiezan a gustarle los demás chicos y chicas. La atracción por el sexo contrario y la necesidad de relacionarse son procesos naturales que forman parte de un crecimiento físico y emocional saludable.

Sin embargo muchas veces estos adolescentes se sienten solos si no tienen un amigo íntimo o una pareja. Su necesidad natural se convierte en patológica y eso significa que algo no funciona como debiera.

Rebeca con 16 años se hunde porque su mejor amiga se ha cambiado de ciudad. Alberto con 20 años se siente vacío y busca desesperadamente otra chica cuando su novia de hace tres años le dice que ya no pueden seguir juntos porque ya no está enamorada.

¿Cómo es posible que estos jóvenes necesiten desesperadamente a alguien para no sentirse solos en la vida?

Para llegar a esta situación lo más probable es que no hayan aprendido a quererse y valorarse en su infancia. A esto contribuyen dos factores: por un lado pesa el aprendizaje social basado en la creencia de que si no tenemos a alguien a quien querer no somos nada, y que necesitamos ser queridos para querernos, cuando es justo al contrario. Y por otro lado está lo que aprendemos en la familia.

La mayoría de los niños y adolescentes son educados en un entorno muy escaso en principios. Tristemente en muchas ocasiones los padres valoran a sus hijos por el rendimiento académico y su buen comportamiento, y los hijos valoran a los padres por los bienes materiales que les proporcionan y lo fácil que les hacen la vida. Pero más allá de este intercambio de intereses muchas veces no hay nada más, por lo que los niños al crecer se convierten en adolescentes vacíos de valores morales y ninguna autonomía emocional.

Muchas veces su carencia afectiva les conduce a la creencia de que no pueden estar solos y necesitan continuamente un amigo o una pareja con quien compartirlo todo, a quien rendir cuentas de sus acciones como si fueran sus propios padres, a quien consultar todas sus decisiones y sin quienes parece que les falta la mitad de su persona. Imitan roles de fidelidad en la pareja y los amigos que los vuelven tan tiranos y absorbentes con sus colegas como los adultos de los que han aprendido.

En este entorno de dependencia emocional en el que se enredan, sienten que para ser felices deben ser correspondidos, lo exigen, incluso llegan a confundir amor con necesidad de no estar solos por miedo a eso que nunca han vivido: la experiencia de ser ellos mismos.

Si eres adolescente está en tu mano interpretar las cosas de otra manera.  Te resumo los cuatros pasos propuestos por Antonio Galindo en Inteligencia emocional para jóvenes. Son una propuesta para desarrollar tu autonomía emocional:

RECONOCER:  date cuenta de la emoción que sientes con tus colegas (envidia, celos, rabia…) y mira a ver qué manera de pensar te hace sentir así (no puedo quedarme sin pareja ni amigos, necesito que me correspondan…) . No te culpes, sólo obsérvate en tu necesidad de ser querido y reconocido.

ACEPTAR: Identifica cuando y por qué decidiste comportarte como lo haces, pero no quieras cambiarte. Date cuenta que hay un motivo para ser como eres y que esto forma parte de ti. No te juzgues.

MEJORAR: No tengas prisa por ser de otro modo, deja que el hecho de conocerte mejor y aceptarte marquen poco a poco tu camino. Proponte ser coherente en tus acciones con tu manera de pensar y sentir.

INTEGRAR: Notarás que tu autonomía surgirá sin esfuerzo y será mayor a medida que tu proceso de maduración personal se desarrolle más.

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